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El Escaparate

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10 septiembre 2009

postheadericon Capítulo II. Despedidas...

Pasaron las semanas y seguíamos Momo, White,  y yo en esa caja de cartón. Mi cuerpo seguía siendo diferente al de mis hermanos, nos habíamos igualado en tamaño eso sí, sin embargo yo era dos o tres veces más fuerte que ellos, lo que hacía enfadar mucho a White. Desde que se llevaron a Point, Momo ya no estaba tan juguetón, ya no me perseguía y chupaba, estaba triste y melancólico.
-        Ey Momo, ¿qué te parece si jugamos a ver si de un salto podemos salir de la caja?
-        Naaaa ya hemos jugado mucho a ese juego, nunca lo consigo, y tú siempre ganas, ya me cansé.
Era verdad, hacía una semana había inventado ese juego para comprobar si podíamos salirnos de la caja los tres y poder salir de esa casa. No es que no estuviese agradecida con la niña que nos recogió, al contrario, le debemos mucho, le debemos la vida. Pero por otro lado, no quiero arriesgarme a que nos sigan separando y no poder hacer nada.
Por supuesto yo podía salir perfectamente, pero nunca dejaría a mis hermanos. Una vez White lo intentó y casi lo consigue, este hermano mió orgulloso…al ver que yo si podía y el no, espera a que estemos durmiendo y lo sigue intentando, pero Momo no.
-        Momo…por fa…me aburro, además seguro que hoy lo consigues tú y White no.
-        ¿Cómo???? ¿En que mundo podría Momo ganarme?
-        Es verdad, yo nunca podré ganar en nada.
-        Bueno, eso solo se sabe si se intenta. Vamos White, demuéstranos como se hace.
Esa noche había estado observando a White mientras dormía y me di cuenta que prácticamente ya lo tenía. Recé para que hoy fuese su día de suerte.
-        Te vas a quedar muerta Taby, hoy voy a saltar fuera y seguro que tú no.
-        Si, si, menos lobos caperucita…
White cogió carrerilla, apretó los dientes, y saltó. Yo lo vi todo a cámara lenta, estaba subiendo alto, más alto, acercándose al borde de la caja, pero empezó a bajar sin haber llegado al borde, en ese instante deseé con todas mis fuerzas que volviese a subir, lo deseé muchísimo como nunca antes había deseado algo, y de repente, subió. Se quedó agarrado al borde de la caja de una forma muy graciosa y con un último empujoncito saltó hacia fuera.
-        Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii lo has visto Taby!! Lo he conseguido!!! Te dije que hoy te ganaría!!! Bien!!!
-        Muy bien White!!!!- yo no sabía que había ocurrido, ¡¡no es posible impulsarte en el aire!! La caja tenía unas paredes de un metro de alto y el niño las había subido medio metro más con una tela metálica, estaban bastante altas, sobretodo para unos gatitos de mes y medio.- White, espérate ahí que ahora vamos nosotros. Vamos Momo que hoy hay un buen ambiente para el salto en altura!!.
-        Naaaa no quiero, si no llego White va a estar riéndose de mi de por vida.
-        Y si no lo intentas la que se va a reír de ti soy yo – nunca jamás me reiría de Momo pero esperaba que de esta forma el reaccionara.- Vamos Momo, que seguro te sale bien hoy.
-        Bueno pero no te rías si no puedo.
-        Claro que no.- No sabía que había ocurrido antes con White, pero si el que deseé algo con todas mis fuerzas había funcionado, ahora mismo estaba dispuesta a dejarme la piel en el deseo más fuerte que pudiese hacerse, Momo tenía que saltar-. Seguro que hoy podemos todos.
Momo cogió carrerilla, apretó los dientes como había hecho antes White, y corrió. Se veía claro que no iba a poder hacerlo. White era delgado pero fibroso, tenía una buena constitución además de las ganas de superación que ponía en todo lo que hacía, pero Momo era rechoncho, tenía un poco descompensado el tamaño de sus patitas con el resto del cuerpo, un poco mas cortas, y su carácter tranquilo y pasivo no ayudaba en nada. Aún así, en mi cabeza se dibujo el salto perfecto para Momo. Saltó, bastante alto, bastante bien, pero no suficiente. Yo estaba deseando igual que antes que pudiera saltar, pero a diferencia de White, Momo no pudo saltar. Le faltaron unos centímetros. Ahora ya no sabía que hacer, White estaba al otro lado esperando, Momo estaba dentro de la caja, ¿qué hacía? Ayudaba a White a escapar o le hacía volver a la caja a esperar no se bien que destino.
-        No te preocupes Momo, lo has hecho muy bien.
-        Claro…como siempre, para ti siempre lo hago bien.
-        ¿qué pasa? ¿No venís? Me canso de esperar, voy a investigar por aquí fuera.
-        Noo espera White, no vayas solo.
-        Tú no eres mi jefa, y voy donde quiera, ya he demostrado que soy mejor que vosotros.
-        White no sabes lo que dices.
-        Déjalo Taby, tiene razón, soy un fracaso.
-        No Momo. Mira, vamos a hacer una cosa, yo iré fuera con White ha investigar la zona, y cuando veamos que posibilidades hay de escapar volvemos a por ti, ¿ok?.
-        Claro, lo que tú digas.
Momo estaba muy abatido, y a mi se me partía el alma, ¿Por qué no había funcionado con él? Esa era una pregunta que tendría que hacerme más tarde, ahora mismo tenía otros problemas más importantes. Salte fuera, sin carrerilla, sin apretar los dientes (cosa que no entendía por que hacían) y en un segundo estaba al lado de White.
-        No te creas importante por eso, yo acabo de saltar también.
-        White eres un tonto. Vamos a ver que hay por aquí.
Recorrimos la habitación, no era muy grande y lo mejor de todo es que había una ventana y estaba abierta. Saltamos para ver que había fuera. La ventana daba al jardín. Lo recordaba perfectamente, recordaba donde mama nos dejo y murió.  Ese pensamiento me dejó aturdida por un instante. De repente la puerta se abrió, era la niña y traía a un hombre joven. Del susto White calló fuera al jardín. La ventana estaba bastante alta por lo que White se llevó un buen golpe. Yo me quedé aterrada, Momo seguía dentro de la caja. ¿Qué pasaría cuando el niño se diera cuenta que no estábamos dentro?¿qué le pasaría a Momo?. Todo pasó muy rápido. El niño se sorprendió al ver que no estábamos, pero no le dio mucha importancia. El hombre vio a Momo y sonrió, le cogió en brazos y se lo llevó. Yo vi como Momo me miraba, asustado, y a la vez con una mirada de reproche que en el fondo yo entendía “dijiste que volverías por mi”. La niña miró a la ventana y me vio, yo estaba petrificada por lo que acababa de suceder. En una milésima de segundo la niña me cogió y me volvió a meter dentro de la caja. Yo estaba en estado de shock. ¿Qué había pasado? Momo ya no estaba, se lo habían llevado, ¿y White? Estaba fuera, solo. No sabe alimentarse solo, no sabe defenderse. Intenté tranquilizarme con el pensamiento de que White me esperaría debajo de la ventana y cuando la niña se fuera me reuniría con él. En ese instante, la niña cerró la ventana y se fue. Todo mi mundo se hundió. Todo era culpa mía. Si no hubiese inventado ese maldito juego, Momo no habría estado solo en esos momentos y White no estaría solo fuera, en un lugar extraño. Salté fuera de la caja fui a la ventana y vi a White debajo mirándome con miedo. Algo debió de pasar por que White empezó a correr hacia la valla. Mi vista era extraordinaria y podía seguirle con la mirada, algo iba detrás de él. Era una especie de gato muy grande, aunque no parecía un gato, tenía unos colmillos enormes y daba mucho miedo. Perdí de vista a White en el momento que esa cosa, que después descubriría que era un perro, estaba a punto de cogerle.
Me quedé sola, llorando, no tenía a mis hermanos, la pena y la culpa me cubrían. No sé cuanto tiempo pasó. La niña venía de vez en cuando a darme de comer, pero yo no comía, ¿para qué? ¿Estarían mis hermanos comiendo? Un día, la niña apareció con una mujer joven, me cogió en brazos y me sacó de la habitación. Yo me encontraba muy débil, llevaba muchos días sin comer, pero en un momento de descuido, una vez que ya nos encontrábamos en el jardín, saqué todas las fuerzas que me quedaban y salté de los brazos de aquella mujer. Sabía que había un perro, lo busqué con la mirada y lo vi que empezaba a correr hacia mí. No tuve miedo, estaba cansada por el esfuerzo, me sentía débil, pero corrí, corrí como nunca lo había hecho, corrí hacia donde había visto por última vez a White. Conseguir llegar a la valla y atravesarla. Mi primer pensamiento fue irme a un lugar conocido, y el único lugar que conocía era la casa abandonada donde mama nos alumbro, mi segundo pensamiento fue localizar a White.


Continuará...
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